La historia de la cocina de las setas, o de su consumo, que viene a ser lo mismo, es realmente curiosa y radical: en algunos países o regiones son detestadas, casi prohibidas por las leyes populares, mientras que otros son veneradas y cotizadas como el más preciado de los manjares (pueden leer muchas curiosidades en Historias de setas )
Una de las grandes simbiosis de este producto (nadie se atreve a clasificar ya que, al no producir clorofila, sería una temeridad encasillarlo como vegetal), ha sido con la nueva cocina, y digo simbiosis ya que gracias a ella, muchos de sus detractores se han iniciado en su consumo a través de recetas como la de la foto (carpacio de boletus) y, respecto al beneficio de los cocineros ya no digamos, porque trabajar con setas silvestres es toda una fuente de inspiración y un abanico de colores, aromas y formas, casi infinito.